| isles du salut |
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| lunes, 01 de febrero de 2010 | ||||||||||||||
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Hacía tiempo que no escribía nada de turismo, y eso que es la sección que personalmente mas me gusta, pero claro, ya son tantas secciones que uno no puede estará todas, sea como fuere, os traigo un nuevo artículo de turismo oscuro, se trata de…
Tres islas: Diable, Royale y St. Joseph, son conocidas como las “iles du Salut”, sin duda un mal nombre para unas islas que no ofrecían salvación ni rehabilitación para los prisioneros que estaban dedicadas a contener.
Localizadas a unas 6 millas de la costa norte de la Guayana Francesa en el mar del caribe alojaron en su tiempo miles de prisioneros.
Las islas se establecieron como prisión en 1852 por Napoleón, y su primer prisionero fue mandado en ese mismo año desde Rochefort, Francia, desde entonces más de 80.000 criminales fueron hechos prisioneros y la mayoría murió allí en los 100 años que la prisión estuvo en funcionamiento.
La más pequeña de las islas “Diable” era conocida popularmente como la isla del Diablo, estaba rodeada de corrientes duras incluso para los barcos mejor preparados y la mejor de las tripulaciones e infestadas de tiburones esperando a sus victimas lo que hacía casi imposible escapar de aquel lugar. De hecho, a día de hoy, los turistas no pueden visitar la isla debido a que las corrientes impiden atracar a los botes y solo es visible desde alguna de sus hermanas (Si se tiene suerte se puede contratar a un pescador local para que nos transporte a la isla, pero no es lo habitual).
Royale es una isla mucho mayor, albergaba a los guardias de la prisión, los administrativos y los presos del corredor de la muerte, estas instalaciones contenían un hospital, un mercado, una cocina, iglesia y un pequeño cementerio para las mujeres y los niños de los guardias.
La mayoría de los presos que llegaban a esta isla vivían muy poco tiempo en ella debido a sus duras condiciones, las enfermedades, los trabajos forzados y los severos castigos, si sobrevivían a todo ello, muchos de ellos eran guillotinados.
En todos los casos los muertos carecían de un entierro o ceremonia funeraria de cualquier clase digna, de hecho los muertos eran arrojados al mar donde eran devorados por los tiburones, perpetuando así mismo la población de tiburones que infestaba estas costas por medio de comida fácil de conseguir.
El destino para aquellos que conseguían sobrevivir a este infierno era pasar a vivir en la Guyana Francesa, de donde no se les dejaba salir, pronto esto se convirtió en un problema serio dado que se estaba llenando de hombres sin apenas natalidad, el gobierno Francés puso solución a ese problema haciendo la prisión mixta, de esta forma en 1889 ingresaron 28 mujeres en la prisión con la esperanza de que crearan una familia.
El experimento fue un fracaso y en 1914 el gobierno Francés desistió en sus esfuerzos.
La remota isla de St. Joseph alberga el Camp Reclusion, que era mas conocido como el devorador de hombres por los prisioneros que contenía, allí los presos eran confinados en aislamiento o encerrador como dementes.
En la actualidad es posible encontrar cadenas que se usaban para mantener a los presos atados a sus camas, también existen restos de las pareces y las barras de hierro que prevenían los intentos de fuga de los presos, poco hacían sin embargo para detener a las hordas de insectos provenientes de la vecina jungla que hacían verdaderos estragos extendiendo enfermedades.
Estas prisiones contenían a los peores incorregibles ladrones y asesinos pero además contenían a muchos ciudadanos de bien que fueron exiliados de Francia por razones políticas, el caso mas famoso es el de Alfred Dreyfus.
En 1984 el Capitan Dreyfus fue encontrado culpable de falsos cargos de traición y confinado de por vida en la prisión de Green Hell en la isla del diablo. Allí paso 5 años en condiciones miserables aislado en una celda de 13 metros cuadrados con únicamente un catre como todo mobiliario.
Muchos presos intentaron alguna clase de fuga y la gran mayoría fallaron en sus intentos, pero se conoce de algunos casos que lograron fugarse y vivir para contar su historia. Henri Charriére nos hizo llegar su cuidadosamente planeado plan de fuga a través de los 12 años que pasó en la isla del Diablo, allí, desde un saliente rocoso determinó que en una determinada época del año, la séptima ola de una secuencia tenía la fuerza suficiente para alejar a una pequeña embarcación con una persona de las rocas, el y un compañero crearon una pequeña lancha que llenaron de cocos y consiguieron alcanzar una costa de vuelta a la civilización.
En la actualidad es posible visitar las Barracas Carmesíes, llamadas de esta forma por la sangre derramada por los propios prisioneros que luchaban unos contra otros, allí podremos ver los restos de la guillotina que se usaba para las crueles ejecuciones que tuvieron lugar en frente del resto de los prisioneros, de hecho en ocasiones se ordenaba a uno de los prisioneros ejecutar alguno de sus compañeros párale sádico deleite de los guardias de la prisión.
Pero quizás el detalle mas macabro de todo esto es que desde Francia se requería una prueba de que el preso en cuestión había sido efectivamente ejecutado a fin de llevar un control administrativo de la gente que aun quedaba en la isla, para ello se optó el método de conservar la cabeza en alcohol y enviarla a Francia en un buque.
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