| Aredhel capitulo 6 |
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| domingo, 06 de junio de 2010 | |||||||||||||||||||||
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Hacía… hacía demasiado tiempo que no actualizaba el relato de Aredhel, lo cual es una autentica lastima por otra parte… fuera como fuere aquí llega la 6ª entrega, si no habéis leído nada del relato podéis encontrar la primera parte AQUÍ, el resto se encuentran en la sección de arte-> relatos cortos (teneis los enlaces directos al fondo de este artículo), disfrutadlos!!
Al llegar a casa me encontré a mi tía y a Jeremy en el salón, corrí a ellos y sin dudarlo le conté mi encuentro con mis padres. Mi tía me dijo que lo tenían planeado, que me veía muy mal y que quería hacer algo que me alegrara, y pensó que si sabía de una vez la verdad sobre mis padres me recuperaría, y en cierto modo era cierto, estaba mejor, más contenta, pero aún me dolía el abandono de Ralf.
Los siguientes días los pasaba con mi tía y el novio, la confianza que había perdido con ella la estaba recuperando, y estaba encontrando facetas de Jeremy que antes no había visto, y me gustaba, ahora si que lo sentía como un tío de verdad, no sabía el porque no me había dado cuenta antes. Estaba atento de mi, como antes, pero hasta ahora no me había dado cuenta, me cuidaba aunque no lo necesitara. Le estaba empezando a coger cariño, a quererlo.
Al igual que pasaba los días con mi tía y Jeremy, la noche las pasaba con mis padres, pues no le gustaba salir de día para que no le reconocieran. Hacía poco que les habían llegado información de que esa persona que les convirtieron en vampiro estaba en aquel pueblo y que le buscaban, aquella noche no se había conformado en convertirles en vampiros, les dejó con vida para después volver a por ellos, para poder luchar con ellos teniendo las mismas ventajas, pero ellos huyeron y al único lugar que iban era al bosque para alimentarse.
- No puede ser – susurré parándome para mirarlo – no puede ser – volví a repetir – él aquí no, no, me lo estoy imaginando – me froté los ojos con los puños y volví a mirar, él seguí ahí parado, mirándome.
Con silenciosos pasos se fue acercando a mi, estirando uno de sus blancas manos que colocó sobre mi mejilla, me acarició el rostro mientras me sonreía.
- Te he echado de menos – me dijo acercándose cada vez más a mi.
- ¿Qué te pasa? ¿No te alegras de verme? – me preguntó separándose un poco de mi pero agarrándome por los hombros.
- No es eso, si que te he echado de menos – le miré a los ojos – solo que te largaste sin decir nada, y ahora apareces de repente – agache la cabeza - ¿estás jugando conmigo o me pones a prueba? Es que no te entiendo, apareces un día, me sacas del cementerio, me pides de verme, nos besamos, ocurre un problema con mi amiga, la salvas, y por un día que quería alejarme de lo sobrenatural te alejas, de esfuma, me dejaste, y ahora vuelves a aparecer. ¿Por qué? ¿Qué es lo que quieres?
- No, no juego contigo – me dijo agarrándome la barbilla y levantando mi cabeza – me alejé para no ponerte en peligro, si te pasara algo sería capaz de matarme, no sería capaz de seguir viviendo, pero no puedo, no puedo alejarme de ti, necesito estar cerca tuya, verte, tocarte, saber que estás bien
– me volvió abrazar-.
- Si piensas volver, que no sea para volverte alejar – le rogué.
- Te lo prometo – me susurró.
“Volví a la rutina, por las mañanas las pasaba con Jeremy y mi tía Caroline, por las tarde con Ralf y por las noches con mis padres, alguna vez que otra me reunía con mis antiguos amigos, volvíamos a estar como antes, me llamaban cuando iban a ir a algún sitio, incluso me pidieron perdón en más de una ocasión por lo del cementerio, el momento ese que me dejaron sola en aquel lugar, yo les decía que no era nada, pero que no lo volvieran a hacer, que si son amigos lo son en todo momento, no desprenderse de los demás por miedo. Con Martha también lo arreglé, nos llamábamos dos veces por día, ella llamaba por el día y yo a ella por las noches, antes de acostarme.
Cerré el diario y me metí en la cama, estaba agotada, no paraba en casa desde que Ralf se me presentó en la calle para volver conmigo, ya por fin podía dormir en paz, sin sentir que me faltara algo, sin preocuparme de nada, ni fingir estar bien, pues estaba realmente bien.
Me volví a levantar temprano, pero esta vez más temprano que mis tíos, mis tíos, que raro me suena eso, me vestí con una mini falda vaquera, una camiseta blanca de tirantes, unas chanclas blancas y me recogí el pelo en una coleta y bajé a la cocina. Para sorprender a mis tíos decidí preparar yo el desayuno, preparé un vaso de leche y dos tazas de café y preparé las tortitas que mi tía me había enseñado a preparar el día antes. Coloqué todo en la mesa del comedor poniendo las cosas de Jeremy en la cabeza de la mesa, a mi tía su derecha y yo a su izquierda. Mientras esperaba a que se levantaran recogí la cocina.
- ¡Corre, Caroline! ¡Mira lo que ha preparado Ángela! – escuché gritar a Jeremy.
Terminé de dejar los cubiertos encima de la encimera y me dirigí al comedor donde mi tía y mi futuro tío me abrazaron a la vez.
- Se ve todo estupendo – me felicitaron ambos – y está de maravilla – me volvieron a felicitar al unísono.
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